La oferta de alojamiento en Polonia es muy diversa. Más de medio millón de plazas, tanto tipo estándar como muy originales, esperan al viajero. Hoteles de cadenas internacionales funcionan en las ciudades principales. Junto a los hoteles modernos existen también pequeños hostales situados en casas antiguas que muchas veces tienen más de 600 años mientras que las piscinas de agua caliente, saunas y clubes de fitness ocupan los sótanos históricos. Ese tipo de hoteles de larga tradición (a veces desde el siglo XVIII) es una especialidad de Cracovia, Poznan, Torun o Gdansk, pero los hay también en muchos pueblos pequeños.
En los lugares turísticos esperan a los visitantes adinerados lujosas pensiones y grandes centros de turismo con pistas de tenis, campos de golf, centros de restauración biológica, alquileres de equipo deportivo y atracaderos privados. Se puede pasar la noche en un palacio renacentista, en una vieja finca rústica de hidalgos polacos o en un palacete de caza. Muchas veces los interiores de esos sitios conservan su estilo original: muebles de época de mucho valor, antiguas chimeneas, suelos cubiertos con pieles de animales, candelabros de más de 500 años, todo ello en salas transformadas en habitaciones de hotel. Las residencias suelen estar rodeadas de parques pintorescos diseñados hace tiempo en estilo inglés o francés, jardines dendrográficos, picaderos privados y terrenos destinados para montar a caballo.
Los turistas de recursos algo más modestos también pueden escoger entre varias posibilidades. Los campings polacos son recomendables, normalmente suelen estar situados en bonitos lugares, a orillas de los lagos, a la sombra de dunas marítimas, o en claros de bosques, lejos del ruido de carreteras y pueblos. Al sur del país es posible alojarse en casitas de madera hechas en estilo montañés. No tan pintorescos pero sí prácticos son los campings situados en las afueras de las grandes ciudades, algo importante para los turistas a los que no les gustan los hoteles modernos.
El turismo rural se está desarrollando muy rápidamente. En toda Polonia hay registradas más de 1500 fincas y miles de otras, que cumplen con todos los requisitos necesarios, están esperando ser registradas. Son muchas las que están registradas en la ECEAT-Poland (Centro Europeo para el Turismo Eco-Rural). La red de turismo rural se extiende por toda Polonia.
Las vacaciones en el campo son vacaciones en el seno de la naturaleza, lo cual significa silencio, aire fresco y alimentos sanos. La imagen del campo polaco son mosaicos multicolores de campiñas, praderas, pastos, bosques y caminos preciosos. Los que se sientan cansados pueden recuperar las fuerzas pérdidas por el trabajo y el estrés y recomponer los nervios destruidos por el ruido cotidiano de la ciudad. Amistosos anfitriones llevan a sus huéspedes a recoger setas en los bosques, a pescar, les prestan bicicletas y barcos.
Pueden también enseñarles cómo partir leños, manejar un carro de caballos, o preparar confitura casera. Una ventaja indudable es la comida: leche, huevos, embutidos frescos, verduras que crecen en el huerto al lado de casa, frutas del huerto y miel de las colmenas. Algunas fincas proponen medicina alternativa con ayuda de miel y productos apícolas, la "apiterapia". Las fincas suelen ser limpias, pulcras y garantizan buenas condiciones. A menudo en la vecindad hay escuelas de hípica y sitios para bañarse.
Aparte de los encantos del campo Polonia destaca por su sabrosa cocina. Los gastrónomos podrán encontrar aquí muchos restaurantes, bares y mesones que sirven platos típicos de la cocina polaca, especialidades antiguas, y también regionales. La acumulación de restaurantes fuerza a sus dueños a inventar unas decoraciones cada vez más rebuscadas: se puede cenar en un restaurante puesto al estilo medieval, en una fonda campesina de madera, en un templo griego, o a lo "Orient Express". No faltan restaurantes que sirven cocinas nacionales de otros países: francesa, italiana, judía o rusa, y hay también buenos sitios de cocina china, árabe y mexicana. No obstante siempre vale la pena probar los platos típicos polacos.
La cocina polaca es muy variada. De entrada se sirve en la mayoría de los casos un plato de carnes y embutidos típicos. El embutido más conocido es la salchicha ("kielbasa"), que tiene muchas variedades y tipos según la región. Las más populares son: la salchicha secada de Cracovia, y la salchicha de cazadores ahumada al humo de enebro. Es también especialidad polaca el jamón , sobre todo de cerdo.
Una delicia especial es el queso montañés de leche de oveja ahumado llamado "oscypek". Los restaurantes que sirven platos polacos muchas veces proponen de entrada pan con manteca de cerdo o arenque del mar báltico con nata. El pan es también la especialidad de Polonia, sobre todo el pan negro o integral, hecho de centeno, que ahora es muy popular en el mundo y calificado como base de la llamada "alimentación sana".
El plato polaco más antiguo es el "zurek", una sopa preparada con harina de centeno y pan duro, de sabor ligeramente ácido que se sirve con salchicha y huevo duro. Otra sopa excelente es el "barszcz", sopa de remolacha roja, acompañada de pequeñas empanadillas rellenas de carne o setas, que ofrece no sólo placeres al paladar sino también valores medicinales. También hay que probar la sopa de tomate con arroz o fideos.
Los platos principales - carnes, pescado, aves de corral o carne de caza - son servidos con patatas fritas o cocidas, grano sarraceno o fideos, y también con verduras crudas, cocidas o en escabeche. Una especialidad de la cocina regional son las tortas de patata rallada con salsa dulce o picante, y empanadillas rellenas de queso, carne, col y setas, o frutas de temporada. De postre hace falta probar los exquisitos dulces y pasteles polacos, como por ejemplo el alajú (pan de jengibre y especias), la mazurca con chocolate, el pastel de grano de amapola o el pastel de queso con fruta seca.
Terminada la comida podemos tomar un poco de alcohol para facilitar la digestión. No quedarán desilusionados los amantes de la cerveza, la polaca, al igual que la alemana o la checa, es de buena marca y larga tradición. De los alcoholes fuertes recomendamos los licores frutales y de hierbas. Aparecen en una variedad infinita, con muy distintas virtudes, desde las medicinales y las que se toma para entrar en calor, hasta las que hay que saborear. Las dulces cremas, como la crema de yemas, de vainilla o de chocolate, los licores y los alcoholes de miel se toman solos o con postre. Y por fin, claro está, la vodka polaca. También tiene numerosas variantes, de las cuales la más original es la Zubrówka, en cuyas botellas siempre se encuentra una brizna de hierba de la Selva de Bialowieza, de las que comen los bisontes. Otra vodka famosa es Goldwasser, de Gdansk, enriquecida con trocitos de oro de 22 quilates.



